martes, 9 de febrero de 2010

Deja de delegar, tu eres ahora quién crea la realidad - Mensaje de la Maestra Ascendida María Magdalena


La salida del frondoso laberinto en el que hoy se encuentra la humanidad entera, así como dónde está toda esa gente amada de vuestro pequeño entorno, no la podréis ver si no es informándose, reflexionando, retrocediendo, sintiendo paso por paso, sopesando dulcemente el peso de cada andadura. Viendo y observando sin emocionalidad todos los mecanismos por los que os habéis dejado arrastrar día a día. Mecanismos psicológicos y relacionales, laborales y sociales, económicos y políticos. Tan solo con información y tomando conciencia de vuestro proceso grupal e individual, fría, ecuánime y amorosamente, podéis comenzar a esbozar la clave de la liberación de dicho proceso y empezar a caminar suave y firmemente por los peldaños de la ascensión.

No estéis tristes por lo que habéis hecho, o por este territorio a donde habéis llegado, tan solo informaros bien y cambiad ya lo que debe cambiarse en el ahora, con sensibilidad, inteligencia y responsabilidad. Podéis hacerlo; y podéis hacerlo hoy; ya sabéis que estáis asistidos. Pero nosotros no podemos cambiarlo por vosotros; sois almas libres.

Amigos, ha llegado la hora de aprender a ser los maestros de vosotros mismos y de vuestros pensamientos. Tú, y tú, y tú… eres el pilar del nuevo mundo, uno de los pilares imprescindibles de esa humanidad que ya quiere salir de su confortable cárcel. Deja de orar, deja de pedir, deja de delegarnos los cambios a nosotros. Tú eres quien crea. En la oración, en el fondo de ella, hay una negación. Todo ruego a otras esferas supuestamente superiores a la tuya, contiene y conlleva la negación de tu ser creador. Cuando pides que se arregle un asunto, estás diciendo que tú no eres capaz de cambiarlo, estás anulando tu espíritu, tu fuego, tu chispa divina, tu libertad. Al orar, niegas tu poder de crear, niegas tu luz, anulas tu fuerza. La mayor parte de oraciones, desde el punto de vista energético, que no moralista, muestran una falta de responsabilidad. Pides a otros seres, no importa el nombre ni el color, que se hagan responsables de tu vida y de tus circunstancias. Responsabilízate de cada cosa que ocurra en tu vida y busca la manera de crear la circunstancia adecuada. Cada uno somos un pedazo de ese dios creador de todas las cosas. Tú no eres distinto; ni inferior. Cada uno es responsable de su vida y de todo lo que crea a su alrededor. Dirige y enfoca la fuerza divina en ti. Utiliza tu poder ahora. No delegues más a otros tu andar. Incluso si quieres orar por alguien, envíale a ese alguien la fuerza sanadora que pides para él.

Imagina e inventa tu realidad. Entrena tu espíritu, comparte y reparte tu poder de crear, haz que tu chispa viaje hasta el núcleo de las personas que quieres ayudar. Puedes sanar a la humanidad entera; tan solo se trata de emplear tu fuerza, enfocarla y movilizarla. Cuántas veces hemos oído la frase… pide y se te dará… Sin embargo, en los peldaños de la ascensión, la oración está muy al principio, como cuando los niños aún necesitan una mano para andar. En la adultez del proceso de autonomía espiritual, la oración es un refugio cómodo que niega tu don principal. En realidad, tú creas, pero siempre estamos insertos dentro de una trama de fuerzas; así que, cuando tú decides y creas algo, todo el universo crea contigo lo mismo. Eso es la cocreación. Siente en ti la fuerza de esa gran trama y vívela como una realidad. Cuenta siempre con nosotros, pero no nos delegues tus milagros. Puedes hacerlos; y ahora debes hacerlos; no hay otro camino para evolucionar y ascender.

Sueña. No contengas los sueños… Imagina. Crea. Concreta tus sueños. Hazlos realidad. No te conformes con el deseo y la hipótesis, crea la nueva realidad. No es real querer ser luminoso, o ser sabio, o ser bueno, o ser fuerte. Simplemente selo, practícalo, realízalo, verbalízalo, vive como si ya lo fueras. Crea tu realidad. Créate a ti mismo… Muta. No hay otra opción para avanzar, para ascender y para vivir esa ‘plenitud’ que ni siquiera sospechas cuán grande es. Si no sueñas, si no anhelas… no creas. Si no proyectas tu espíritu hacia algún lugar, tan solo das vueltas en círculos. Moviliza tu espíritu hacia algún lado. Recuerda una vez más que el error no existe, tan solo existe la experiencia. Imagina, inventa, muta, emplea tu amor y tu poder sin miedo a equivocarte.

Nunca te equivocarás, tan solo experimentarás y explorarás. El camino de experimentación de los miles de territorios que existen, ya sean más oscuros o más luminosos, más invernales o más primaverales, conduce siempre al mismo sitio, al encuentro del átomo-germen de donde procedemos.

El pecado y la culpa limitan y bloquean. El pecado existe tan solo en función del un dedo acusador que juzga. Y ese dedo no tiene nada de divino; procede de una humanidad que avanza a tientas por las dimensiones de la dualidad; pertenece a un juego de reglamentos y leyes inventadas por la divagación del alma. El pecado os hace mover dentro de la culpabilidad, colectiva e individual. Y esta culpa adquirida también tiene una función: bloquear el inconsciente. Olvidar quiénes sois.

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